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domingo, 12 de mayo de 2013

Carta a los padres

Ellos jamás lo admitirán porque están convencidos de lo contrario: usted y yo le arruinamos la vida a nuestros padres. 

Antes de nacer, mamá y papá tenían metas, tenía sueños, querían viajar y conocer personas; desvelarse tomando un trago o bailando (en el caso de quien le guste eso). Pero todo cambió con su llegada, digo con la suya y con la mía. 

Las desveladas se convirtieron en momentos en los que usted se negaba a dormir y los días se resumieron en  incansables horas de trabajo, todo porque en casa estaba usted, esa maquinita de llorar y defecar, que necesitaba ser alimentada y cuidada. Sí, ese sueldo que alguna vez fue destinado a los gastos más egoístas del mundo, ahora y a la fuerza tuvo que ser gastado en usted y yo. 

Fuimos causales de arruinar el cuerpo de nuestras madres y truncar todos las mochileadas del padre; usted al nacer puso el punto final a una vida de lujos para empezar una vida de responsabilidades infundadas. Usted le cagó la vida a sus padres. 

Sí, no crea lo contrario e incluso tiene mucha más de la culpa si usted es primerizo. Puede que haya la inmensa posibilidad incluso que usted sea la principal causa de matrimonio de sus padres. Y no por esto venga a llamarme cruel. 

El infame de todo el asunto es usted, el gasto más grande del hogar, la persona que gastó todos los ahorros que tenían sus padres, quien sabe si para comprarse un carro, en educarlo y criarlo a usted. 

El cariño y la devoción que uno siente hacia esos padres responsables (al carajo con los que no lo son), es entendible de parte de nosotros, los hijos, los seres que consumimos todos los recursos del trabajo ajeno y que ocupamos cual parásitos un lugar en el hogar de nuestros progenitores. Porque usted es lo más cercano que hay a una bacteria devora recursos; un tumor y una plasta que subsitió quitándole horas de sueño y oportunidades de vida a sus padres. Que nosotros los queramos está implícito, lo que yo no entiendo es como ellos nos quieren de vuelta. Y mucho. 

La devoción de un padre y madre por sus hijos escapa de mi entendimiento por completo. Y escapará por siempre. 

Es por eso que tengo que es pedirles perdón, a papá y mamá, en nombre de todos los hijos del mundo, por arruinarles la vida. Ellos jamás lo admitirán pero bien en el fondo saben que es cierto. Incluso dirán que somos lo mejor que les pasó en la vida, pero lo dicen porque son personas responsables que se hicieron cargo de este parásito que lleva el nombre que ellos escogieron y la sumatoria de apellidos que nos tocó. Se hicieron cargo y lo quisieron mucho, mucho más de lo que debían hacerlo. 

Porque jamás  fue su obligación mantenernos y en lo personal hubiese entendido perfectamente si nos hubiesen querido abortar. Ellos, esa gente maravillosa, merece tanto ser feliz y es una pena que usted y yo le hayamos truncado la vida entera. Porque nada más egoísta que nosotros con nuestros padres. 

domingo, 5 de mayo de 2013

En la percha

Odio usar smoking. Que traje para idiota. No sé que clase de ser humano puedo haber configurado una prenda tan fea en su cabeza y de paso obligarnos a usarla en las que se suponen son las más sublimes de las ocasiones. Si usted quiere que algo valga la pena recordar, no pida que vista de smoking. No lo haga. Recuerde, ¿los momentos más bonitos de su vida cómo los vivió? En bolas.

Mientras menos ropa, mejor se pasa. A mi, por ejemplo, lo que me gusta es vestir jean, camiseta holgada y parcialmente sucia, esas que uno se pone cuando sale a tomar un par de tragos con sus amigos. Mientras más parcería con los conocidos, menos formal es el asunto y más soeces son las conversaciones. Eso es ley.

Recuerdo que hasta hace un par de años, mis amigos y yo nunca hubiésemos pensado siquiera en hablar de los problemas del matrimonio cuando salíamos a beber. No fue sino hasta que el primero de nosotros se casó que la temática entró, de forma seria, en la conversación. Antes de eso no hacíamos sino burlarnos de la gente que 'se ponía la soga al cuello'.

Lo extraño es que esta semana, el último de mis amigos de antaño, esos que conozco desde que nos burlábamos de las niñas en traje de baño, llegó a mi oficina con la soga en la mano, anunciándome que en menos de un mes iría a la horca de la que él y yo tantas veces nos burlamos. El último de mis amigos de toda la vida se casa.

Desde entonces ando deprimido. No sé como relacionarme con gente seria y ahora mi círculo social se llenó de adultos. Soy como el puberto del grupo, el tipo que se niega aceptar su edad y sus responsabilidades reproductivas con la sociedad, y aunque la mayor parte del tiempo soy feliz por eso, en momento como este, como lo fue cuando empece a escribir este post, reniego de no tener a nadie con quien poder salir a tomarme una cerveza y hablar pura mierda, tal y como lo hacía hasta hace un par de años.

De alguna forma, esa broma que yo siempe hago, eso de 'te quedaste en la percha', se me revirtió. Ahora yo soy el raro del grupo, el que no entiende ciertas cosas que solo los casados pueden tolerar, yo soy el que está en la percha, esperando que no me llegue la fecha de caducidad antes de ser elegido.

Pero lo cierto es que estoy es bien escondido, al fondo del andamio, porque no quiero que me encuentren: Yo sé que una vez que se me pase la depre, volveré a disfrutar de los beneficios de poder salir a pasear con camisetas parcialmente sucias. Eso no lo puede hacer un casado, después los retan.

Igual, para el matrimonio de mi amigo no podré ponerme mis camisetas que tanto me gustan, me vestiré de ese smoking que tanto me fastidia porque por nada del mundo me voy a perder uno de los momentos más importantes de la vida de mi casi hermano. No lo hice con los dos primeros, no lo haré con el tercero. Me gusta pensar que soy como un amuleto de buena suerte y que por eso, por mi presencia en sus matrimonios, los dos primeros están más que felices con las mujeres que escogieron por esposas.

La noche del matrimonio estaré ahí, en la fiesta, borracho y cantando, abrazando y deseándole lo mejor del mundo al nuevo esposo; ahí estaré, vestido de pingüino, exhibiéndome, como producto en percha a la espera de una valiente que acepte salir a bailar.

A bailar no más, porque en mis planes está pudrirme en el andamio. 

viernes, 28 de diciembre de 2012

Los bobos son peligrosos

Me perturba de sobre manera que existan empresas de encuestas dedicas a medir cual es la nación más feliz del planeta. Peor aún, se me retuercen las entrañas al saber que exista alguien que pague por esta información. Lo primero me perturba, pero que exista medios que pongan que el 'Ecuador entre los países más felices del mundo', y lo consideren noticia, es algo idiota.

Ningún medio de prensa colocó esta información contrastada o siquiera se dignó a preguntar como carajo fue que hicieron esta encuesta. Sí, el 'boletín' lo explica, lo explica tan bien que yo dudo que siquiera se haya realizado tal encuesta. Igual, el daño se hizo, la gente lo leyó y se sintió identificada.

Lo que sí creo es que el ecuatoriano vive feliz en esta pocilga de país porque. Como lo dicen los estudios, mientras se es más bobo se es más feliz. Y vaya usted a saber que la nación está llena de idiotas.

Uno le vive teniendo miedo a los ladrones cuando en realidad tiene que temerle es a los bobos, a la gente que hace todo mal incluso cuando quiere hacer las cosas bien.

Lo dijo Facundo Cabral, a los bobos hay que tenerle miedo porque están en todos lodos.Hay más bobo que gente mala en el mundo y por eso es que las cosas están como está. La gente mala (si podemos tan estupidamente referirnos a ellos así), hacen las cosas mal para que le salgan a ellos bien; el bobo por su parte hace su mejor esfuerzo y la caga para él, para usted y para mí. Ahí está su peligrosidad.

Por eso es que los bobos andan siempre en masa para sentirse seguros, eligiendo a representantes igual de idiotas que ellos y creyendo en vainas como voces en el cielo que les hablan y cuya voluntad está representada en un Bestseller de 2000 años. Y a esta gente hay que tenerle aún más miedo.

Al bobo hay que temerle porque es la clase de personas que viendo que la luz está en rojo igual cruza la calle a toda velocidad; es de los que sabiendo que un ascensor tiene capacidad para 10 personas, se cola en  elevador como el usuario número 11. El bobo es de los que nunca cambia el aceite de cocina para ahorrarse dinero pero después anda contagiando de salmonela a todos sus comensales. El bobo es de los que se estaciona en dos puestos de parqueo de los centros comerciales, todo porque estaba apurado para ir a ver una película; pero también es de los que se trata de meter a todos los lugares, como el cine, sin pagar, arruinándoles el sueldo a todos los empleados del local. Las acciones del bobo siempre traen un daño colateral, pero para él siempre "se habrá salido con la suya":

Porque el 'ser idiota' es como una enfermedad que uno no sabe que la tiene. El bobo jamás sabe que es bobo (por lo que usted y yo podemos serlo, solo que espero que no sea así). El bobo camina por la vida siempre pensando que las cosas van a salir bien, porque así lo dice su horóscopo.

El bobo vive aislado del mundo real, buscando miscelaneos de información inservible: dietas y poses sexuales, chismes de farándula y teorías de conspiración imbéciles, por eso medio lee un titular de prensa se cree cualquier mierda que le dicen. Es un bobo, no le pida mucho, y así es feliz, porque pasa la vida libando y bailando, felices por vivir en uno de los lugares más felices del mundo pero sin percatarse de todo lo malo que pasa a su alrededor. Y por eso jamás hará nada para cambiarlo, y en esto consiste su real peligro.

El bobo ruega porque lleguen los fines de semana para ir a rifarse el sueldo en una barra de discoteca y es tan bobo que no se da cuenta que está pagando el 400% del valor en una botella de vodka rebajado con agua. Esto lo hace mientras se camufla entre sus similares, zombies bailarines a los que les lavan el la cabeza con música insípida.

Eso sí, con las mujeres los bobos siempre tiene suerte, porque se andan ejercitando y viéndose cual publicidad de ropa que se coloca en los diarios; porque para el bobo lo único para lo que sirven los medios escritos es para enterarse las promociones de navidad.

Pero tampoco es que leer diarios o ver televisión sirva de mucho, no se puede confiar en emisores de información que consideran sin cuestionar que somos una de las naciones más felices del mundo.

Un medio un poquito más serio, el País de España, publicó el 15 de diciembre un editorial que me dio mucho más miedo: Latinoamérica es la región más asesina del mundo con el 49% de los asesinatos de todo el planeta, y eso que solo representamos el 8% de toda la humanidad. Y con eso yo creo que hay que ser un completo idiota para vivir feliz por esta parte del mundo.